martes, 30 de junio de 2015

martes, 23 de junio de 2015

Nikon D3000

  La fotografía era su pasión.
  Le hacía gracia la forma en que todo se quedaba paralizado, congelado, como si pudiera parar el tiempo, extender la mano y tocar aquel instante capturado, jugar con él. A veces pasábamos horas hablando, muy quietos, en algún lugar. Disfrutando de la compañía y esperando a que llegara el momento apropiado, el momento justo y exacto en el que todo estaba como debía. Aunque eso no significaba que tuviera que ser 'perfecto'.
  Le daban miedo algunos fotógrafos famosos, con sus retratos impactantes, con sus escenarios y situaciones simplemente perfectas, con todo controlado y estático. Les faltaba algo, las cosas no podían ser así. Sus fotografías vibraban con ese algo.

  También le gustaba fotografiar trozos, secciones, cuadrantes. Dos pétalos de una flor. Un pedestal unido a dos pies de piedra, o una parte de arco o muro o árbol. Una barbilla, o quizá medio flequillo, con sus correspondientes ojo y ceja. «Está completa —decía—. La belleza no exige la simetría. Si no me crees, mira a Edgar Allan Poe».
  Más tarde, nos sentábamos en una cama que alguien había puesto en la azotea y creábamos situaciones insólitas. Recortábamos todo aquello que nos gustaba e intentábamos combinarlo. Dividíamos lo recortado en partes más pequeñas y les dábamos la vuelta a algunas. El toque final era añadir una fotografía nuestra, y las hubo de todas las actitudes, muecas y sonrisas posibles. Juntos, conseguimos transformar la realidad, escondiendo en álbumes nuestros mundos secretos y preciosos, nuestros refugios improbables.